¡Hola mundo!

1 comentario

Welcome to WordPress.com. This is your first post. Edit or delete it and start blogging!

Anuncios

HISTORIA MITOLOGICA VASCA 56: LEYENDAS Y COSTUMBRES ARRANTZALES VASCAS: PUÑALES Y ESPADAS NAVALES

Deja un comentario

En los días
de aquellos buques a vela, los arrantzales, llevaban su itsas labana: la navaja
marinera, un elemento de primera necesidad. Originalmente era una navaja
plegable, simple, de un solo filo y punta roma. Esto era importante, porque si
a un marino, se le caía desde las alturas de las velas su navaja, no corría
riesgos de clavarla en un compañero de mas abajo.

Durante
años, cada marino construía su navaja, generalmente partiendo de un cuchillo
común, al que se le cortaba la hoja al final, en el lugar de la “uña” pero era
un corte diagonal. Se le afilaba correctamente, se hacía un agujero pequeño en
el otro extremo, y una muesca para que se pudiera abrir y quedar fija cuando se
necesitara. El encabado era de madera de pino, nogal, roble, de acuerdo a la
pericia del cuchillero, y al poder económico del marino.

Posteriormente,
se comenzaron a fabricar en serie, hasta el modelo típico de navaja: plegable,
de punta roma y finalmente la multiusos, que además se completaba con una púa
en el reverso, de tal forma de desatar cabos marineros fácilmente, o tejer
soguería tan común en los buques.

El saber sastakai, es el
sable-puñal de abordaje. En algunos casos se trataba de una espada mediana, con
buena empuñadura y aleta protectora de puño. De hoja ancha, era similar a los
machetes actuales. Se dice que un sastakai bien afilado era capaz de cortar una
vela de gruesa lona de un solo tajo y de principio al fin.

Hubo
algunos de estos sables que tenían un ingenioso mecanismo que les permitían
plegarse y se enfundaban en esa forma.

En
las botas, se podía llevar un puñal menor botero, que allí se ocultaba. Por lo
general, se trataba de un arma blanca de encabado fino, que terminaba en un
tiento de unos 7 centímetros,
que permitía sacarlo con rapidez. La vaina estaba cosida a la caña de la bota.

La
espada, por su parte era bastante mayor que las actuales, tenía una hoja mas
ancha y su peso era considerablemente mas grande. En su empuñadura, al
principio, se llevaban los escudos familiares, luego los de la nación, y desde
el advenimiento del cristianismo, la cruz es una constante en el guardamanos.

Es también
por ello que el saludo con la espada, comienza llevándola hacia arriba, y
besando la cruz. El superior miraba a los ojos al subalterno y éste bajaba la
vista en señal de respeto y bajando la espada apuntando al suelo, de manera que
también se demostraba un gesto de indefinición.

La
espada iba asida a un correaje mas o menos ostentoso de acuerdo a la jerarquía
de quien la llevara.

Los
correajes de los arrantzales, eran antiguamente de cuero, muy anchos, como una
faja, a fin de que ante un corte en el vientre, mantuvieran los intestinos en
su lugar. Se cuenta la anécdota de don Mikel Sagamendi, que en un combate, fue
herido en el abdomen, y se mantuvo erguido apoyado en el palo mayor, hasta que,
finalizada la batalla, llegó el zapatero del barco, y le cosió las heridas con
el mismo hilo y aguja de su oficio, lavándolas con agua ardiente, mientras don
Mikel mordía la empuñadura de su espada. El correaje, impidió que la herida se
abriera nuevamente.

También
era frecuente que los correajes llevaran dos pedernales, por si había que
encender la santabárbara antes que entregar el buque, honor que solo podía
tener el capitán.

 

HISTORIA MITOLOGICA VASCA 55. LEYENDAS Y COSTUMBRES ARRANTZALES VASCAS LOS HOMBRES

Deja un comentario

El Capitán:
Era un hombre rudo, con grandes dotes de mando. Su conocimiento del mar y sus
secretos, era tal que las capitanías o patronatos, no eran dados por la edad,
sino por la experiencia.

Aquellos
gizonak llevaban el capote, sin dobladillo, de forma tal, que la tela se
desflecaba. Se dice que los antiguos marinos eran capaces de saber la dirección
y fortaleza de los vientos, se acuerdo a cómo se movían esos flecos. Esta
costumbre se ha mantenido a lo largo de los años, aún hoy en las marinas de
todo el mundo.

El Capitán
y el jefe de artillería, llevaban un parche en el ojo, aún aquellos que tenían
su vista en buenas condiciones. Esto les permitía, si llegaban al combate,
poder acceder al interior de los compartimientos y continuar viendo con la
ventaja de no tener que adaptar la vista al entrar a un lugar oscuro. Solo tenían
que cambiar el parche de un ojo al otro.

De todas
formas, era muy común, en tiempos de mosquetes de chispa, de avancarga, es
decir sin cartuchos, éstos se cargaba colocando la pólvora desde la boca del
fusil, luego se colocaba la bala. Y para disparar se hacía golpear un pedernal
para encender la carga.

Los
accidentes en un sistema tan rudimentario, eran comunes y lo primero que se
dañaba era el ojo derecho.

También es
muy común que muchos oficiales tuvieran la pierna derecha amputada.
Generalmente los artilleros, y esto se debía al retroceso de los cañones que al
dispararse, era muy violento. Aquellos cañones pesaban muchísimo, y el jefe de
tiro, se acercaba a la borda para observar los efectos del bombardeo. Si, en el
fragor del combate no se tenía la precaución adecuada, lo mas fácil era perder
la pierna aprisionada por el cañón en el retroceso.

Las órdenes
no podían darse a viva voz, ya que los estruendos, las tempestades, hacían
imposible oír, se desarrolló el llamado “pito del contramaestre”. Se trataba de
un silbato que en aquellos días era de caña, posteriormente, se hicieron de
metal, y los oficiales de mayor graduación los adquirían de oro o plata.

De acuerdo
al tipo de sonido, se llama a toda la tripulación o solo a un palo en
particular, y se tiene convenido el sonido para cada operación.

Los saludos
de un buque a otro se crearon especialmente porque la operación de recargar un cañón
naval, llevaba bastante tiempo, y ante la superioridad de otro, el de menor
rango o valía, en señal de respeto, y para demostrar que pasaba a su lado
desarmado, disparaba sus cañones. El buque mayor, respondía siempre con uno o
tres cañonazos y estos siempre eran impares. La tradición dice que si se
disparaban salvas pares, el contramaestre o el capitán no regresarían a casa.

Las señales
de duelo eran ante la muerte de una autoridad en la zona, o de algún tripulante,
embicar las vergas y dejar el parejo en banda, de forma de mostrar que el barco
estaba de cuelo, una sensación de abandono.

Se cubría
al muerto con un trozo de vela, se le colocaba una moneda en la boca, y,
mientras se gritaban vivas y el nombre del difunto, y se lo arrojaba al mar,
para que las Lamiak lo recogieran y llevasen a la morada de Amalur en la abundancia,
sus compañeros disparaban tres tiros, para ahuyentar los malos espíritus que
pudieran entrar por la boca del muerto impidiendo su viaje al mas allá.

A su vez,
toda la tripulación se formaba en la banda, pero invirtiendo los puestos, esto
es, de menor a mayor jerarquía, esto se hacía para reconocer que ante la muerte
todos somos iguales.

 

HISTORIA MITOLOGICA VASCA 54. LEYENDAS Y COSTUMBRES ARRANTZALES VASCAS PARA LOS BUQUES

Deja un comentario

El buque:
Debía estar protegido desde la botadura. También se quemaba albahaca y se
salpicaba con miel, cada banda, sea babor o estribor. Con las cenizas de la
albahaca, se marcaba un lauburu en la popa. Los constructores colocaban en el
nacimiento del palo mayor, algunas monedas, para que, ante la eventualidad de
un naufragio, hubiera un tributo por las almas de sus muertos. Esto iría a
incrementar los tesoros de Amalur, de la mano de las Lamiak.

Tanto se
extendió esta costumbre, que dio lugar a la leyenda de Caronte.

En la proa
había un ariete, para romper los cascos de los barcos enemigos, pero presidía
la proa un mascarón que, a modo de Gárgola, intimidaba a los espíritus del mar.
Con el correr de los tiempos, este mascarón pasó a representar a una entidad
protectora o alguna cualidad de la tripulación, ya que ésta está formada por
hombres no comunes, sino aquellos que han sabido luchar contra los elementos y
las tempestades, que tienen un espíritu especial, son arriesgados, decididos,
pertenecen a la mar.

En la
sentina, (la parte mas baja de la embarcación) se colocaba un ánfora con miel,
y otra con agua dulce, a fin de eliminar las amarguras de las largas
navegaciones, y mantener siempre un poco de el vital elemento, que en aquellos
días era lo que mas se debía cuidar. El tener esa reserva, no era para una
necesidad, sino para demostrarle a Amalur, que se tenía una gran confianza en
su protección y generosidad. En caso de perder el rumbo y cuando escasease el
agua, se rompía el ánfora, porque la
Dama, jamás haría faltarle nada a un arrantzale que confiase
en ella.

En la popa
había una campana, a fin de avisar la presencia a otros buques en días o noches
de niebla. También en popa, en la toldilla, había un altar o un monolito con un
lauburu grabado. Era el lugar mas sagrado, por lo que todos saludaban a
toldilla al llegar. Hubiera o no hubiera nadie allí. Con el advenimiento del
cristianismo, este altar por lo general estuvo destinado a la Virgen de Icíar, la patrona
de los arrantzales vascos.

La
costumbre de saludar a toldilla se ha mantenido aún después de haberse
eliminado de ella los altares.

Cuando se
salía a navegar, debían arrojarse mieles a los cuatro vientos, para asegurarse
buenos vientos y un feliz retorno a puerto.

Si alguien
quería hacer un daño al buque o a la tripulación arrojaba hiel mientras el
barco se hacía a la mar. Si un marino lo notaba, podía eliminar la amenaza,
escupiendo desde la proa.

HACER EL AMOR Y HACERLO BIEN.

Deja un comentario

Dice la Real Academia que hacer el amor
es el acto de enamorar al otro. Pero todos sabemos que cuando decimos “Hacer el
amor” estamos queriendo decir otra cosa.

Y hacer
bien el amor, requiere saber algunas cosas.

¿Las 136
posiciones del Kamasutra? Pueden ayudar, pero no se trata de eso.

¿Las 124
posiciones que figuran en los Vedas? Tampoco es eso.

¿El
conocimiento del que habla el Hakim musulmán sobre la mara? Ayuda, pero no es
todo.

¿Las
teorías tántricas? No.

¿Tendrá que
ver con estar bien aseado y perfumado? No es eso.

¡Ah! Ahora
me dicen: tiene que ver con la preparación previa. Algo de eso hay.

Preparar el
lugar, con velas, aromas, pétalos de rosa, un buen champaña frapé… Eso esta
lindo, pero tampoco es eso.

¿Una cena
con ostras, langosta, en un ambiente con un violín gitano? Muy bonito, pero
tampoco se tiene que ver con eso.

¡Ah! ¿Me
está hablando de la famosa pastillita? No, esa no es una solución confiable.

¿Elegir a
la mujer especial? Algo de eso hay.

¿Lencería
erótica? No es importante… ¿Colchón de agua, cama giratoria, películas eróticas,
música suave?

Bueno,
amigo, hable de una vez. ¿De qué se trata entonces? No importa nada de lo
anterior. La elección de la mujer o el hombre es lo mas importante, pero no es
buscar una femme fatale de 90-60-90 u otras medidas, ni el hombre joven y
musculoso, de determinado color de cabello y ojos.

Es elegir a
la persona que amas de verdad, con todo lo que eso significa. Es poder dar todo
de uno sin esperar nada del otro. Es fundirse en un mar de sensaciones que solo
el otro puede dar. Es buscar el placer del otro, y cuando llegue, sentir que es
también nuestro placer, porque cuando llega el placer de a dos, es infinito.

Hacer bien
el amor, es darle continuidad, es la espera ansiosa hasta el próximo encuentro.

¿De qué nos
sirve llegar a buscarla en una limusina, si estamos leyendo el periódico? ¿De
qué nos sirve un clima cálido si hay frío glacial en el corazón? ¿Para que
sirve una cena magnífica, si no hay ese cruce de miradas que sin una palabra,
se está diciendo todo? Tal vez lo más excitante y erótico sea esa charla en
susurros, que se tiene con la sonrisa y la mirada. En algunos casos, creo que
lo mas excitante es cuando se cierra la puerta de la habitación, y se habla
bajito… Para que los niños no se despierten.

Entonces
estaremos haciendo el AMOR, así, con mayúsculas… Y estaremos haciéndolo bien.
¿No les parece?

BERNARDO ATXAGA.

Deja un comentario

Joseba Irazu Garmendia, nació el 27 de julio de 1951, en Asteasu, Guipúzcoa,  conocido
con el
 seudónimo de Bernardo Atxaga.

Atxaga, es uno de los
escritores vascos mas prolíficos y exitosos de la actual generación. Todo
escrito en euskera, (ha sido traducido en varios idiomas), su obra es un
llamado permanente a la tradición de la cultura mas antigua de Europa. Es
miembro de la Real Academia
de la Lengua Vasca,
y ha recibido tantos premios y menciones como es posible recibir en cada edición.
Es considerado el mejor escritor en euskera de los últimos 50 años, aunque no
creo que siquiera haya pensado en ello, ya que es un espíritu libre, como los
personajes de sus libros, busca mostrar la vida tal como la concibe: una lucha
permanente por lograr la independencia. De su pluma, salen poesías, obras
teatrales, cuentos, novelas, enseñanzas, gritos de libertad en el fuego de una pasión
donde la Patria Vasca
es libre e independiente, y eso es un hecho, aunque aún no se alcance.

Bajo el cabello despeinado
y tras las gafas, esgrime su tarjeta de presentación: una sonrisa cuasi permanente…
Propias del que sabe su oficio y sabe que no debe parar mientras respire.

¡Eskerrik asko lagun Atxaga!
Mientras haya un escritor de tus kilates, la cultura vasca seguirá creciendo… Como
los últimos 7000 años…

RECUERDOS DE MI PASO POR LA INDIA

Deja un comentario

Hace mas de
dos décadas, visité la India. Mi
ciudad inicial era Calcuta, pero luego de unos días de recorrida, pensé en
visitar Benarés, aquella ciudad milenaria, en busca de aquella cultura que
parecía haber muerto en el principio de los tiempos, y que renacía con cada
amanecer.

Luego de un
viaje de mas de 600 kilómetros,
llegué al estado de Uttar Pradesh, y me dirigí a Vanarasi o mas conocida como
Benarés. Una de las siete ciudades sagradas del hinduismo. Quería caminar las
calles que pisaron tantos sabios de la antigüedad, conocer sus templos, algo de
su gente, además de bañarme en el Ganges, visitar haciéndome pasar por hinduista
el Templo Dorado, dedicado a Shiva, y la Mezquita de Gyanvapi, haciéndome pasar por musulmán.

En sus
calles sucias, los mendigos mostrando sus llagas y su miseria extendían sus
manos leprosas pidiendo un mendrugo que les ayudase a no morir al menos durante
ese día.

Recordé la
historia del rey de los mendigos, que se copió casi desesperadamente en cada
ciudad importante del mundo.

Después de
encontrar el hotel que me sugiriera mi amigo Ramak, un nacido en Calcuta que
estudio en la Universidad
de Varanasi, tomé un guía (sugerencia del gerente del hotel) y, cambiando de
manos algunas rupias, me llevó a recorrer los grandes templos, en los que traté
de descifrar los símbolos sánscritos que contaban mágicamente la historia del
mundo, su pasado, su presente, y seguramente también el futuro, aunque para
aquellas almas que ocupaban las calles, ese futuro estaba tan vedado, como para
mí la comprensión del mundo.

Agobiado
por el calor implacable y los olores nauseabundos, decidí regresar al hotel. Se
lo comenté al guía y hacia él, nos encaminamos.

Al pasar el
puente que divide la parte oeste de la ciudad, en la margen opuesta, se podía
ver una de tantas edificaciones antiguas. La gente se apartaba de aquella
construcción, evitaba mirar hacia ella. No había mendigos allí, ni perros ni
siquiera una de los millones de ratas que caminan la ciudad.

Pregunté a Jawah,
mi guía qué era ese lugar, a lo que respondió “Es un lugar prohibido, nadie que
no esté iniciado puede entrar. Es un dominio de Kali”.

Pensé ¿Como
puede temerle a la Diosa
de la Muerte,
una ciudad que tiene un servicio de recolección de muertos, que cada mañana
recoge a los pobres que mueren en sus calles para ser cremados?. Los tamiles
siempre le temieron, pero en las tantas y diferentes versiones de su leyenda o
historia, se aparece a veces benigna. “Quiero ir allí” le dije como atraído por
una fuerza invisible. “No, eso es imposible, no debemos acercarnos, por favor…
Usted no entiende…”

Caminé
resuelto al edificio, mientras el guía, paralizado gritaba desde su lugar.

Desde la
entrada solo se veía una estancia enorme y vacía. Pasé al interior y, al fondo,
un espacio posterior en un nivel inferior estaba presidido por un altar. En él,
estaba una enorme estatua de piedra de la Diosa
Kali, con su collar de calaveras, sus incontables brazos
sostenían las espadas o la balanza donde debían haber estado los corazones
ofrecidos en sacrificio por sus seguidores. Los ojos, feroces, y su boca
abierta intimidaban.

El hedor
del lugar, la semipenumbra, me dieron escalofríos a pesar de los mas de 40º C.

Salí de allí
con una sensación de opresión en el pecho. Supe luego que se creía que en ese
lugar, los seguidores de Kali, habían realizado sacrificios humanos en su
honor, poco después, se construyó el actual edificio sobre el predio, y muy
pocos han entrado a ver ese ídolo sangriento. En la actualidad, hay un grupo de
iniciados de alguna secta, que realizan allí sus ritos de iniciación una vez al
año.

Benarés ha
sido siempre, la cuna del conocimiento, las artes. Se la ha llamado la cuna de
toda civilización, y en ella han convivido las mentes mas brillantes del mundo,
las religiones mas antiguas y las sectas sanguinarias.

Pensé: ¿Qué
pudo haber llevado a esta ciudad a su estado actual? ¿La propia civilización
que, como una supernova llega a su máxima expresión y luego explota y
desaparece? ¿Los sabios mas sabios, que todo lo sabían y no supieron cómo
detener la decadencia? ¿Las religiones antiguas que no tuvieron todas las
respuestas? ¿Las sectas asesinas, que, instaurando el terror, frenaron el
crecimiento de la cultura?

Tal vez el
no haber comprendido que no importa el nivel alcanzado, el futuro hay que
construirlo día a día, porque mantenerse es retroceder en el desarrollo.

Ese fue el
día en que, estando solo en mi hotel, lloré por la civilización.

Older Entries